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Almendras: propiedades

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Las almendras son un alimento milenario, que data de hace mas de 5.000 años y que guarda una estrecha relación con Mesopotamia o la antigua Persia. Las almendras llevan formando parte de nuestra alimentación desde hace muchísimos años, de hecho ya se plantaban hace 5 milenios, considerándose ya en esa época un alimento sinónimo de salud.

No está muy claro cómo consiguieron adentrarse en el actual territorio europeo, aunque se cree que fueron los fenicios, mercaderes por excelencia, quienes la trajeron aquí para comerciar con ellas, alabando sus bondades y su genial sabor. Lo cierto es que, realmente, no importa demasiado, porque lo que de verdad importa es todo lo que estos frutos secos pueden hacer por nuestro organismo.

Las almendras se convirtieron en todo un lujo en la Edad Media, siendo comida de reyes y reinas, de las más altas esferas de la nobleza. Por suerte en la actualidad son un alimento al alcance de todo en mundo que se encuentra disponible en supermercados y otros tantos comercios.

Las almendras son tremendamente sanas, de hecho deben formar parte de nuestra dieta diaria, aunque sea en pequeñas cantidades. ¿No te lo crees? En ese caso, solo podemos aconsejarte que sigas leyendo, porque te vamos a explicar todas las propiedades de las almendras, los nutrientes que tienen e incluso los beneficios que derivan de su consumo.

Propiedades de las almendras

Ya lo dicen los médicos y los nutricionistas, las almendras tienen que estar en nuestra dieta con regularidad. Son uno de los alimentos más completos que podemos encontrar, de hecho, muchos las definen como auténticas bombas nutritivas por todo lo que hay en su interior.

Gracias a la variedad de nutrientes de la que disponen, y de la que hablaremos algo más abajo, las propiedades de las almendras son realmente interesantes para todas esas personas que quieren cuidar su salud a través de la alimentación, o incluso para aquellas a las que simplemente les encantan por su sabor y su textura.

La primera de todas sus propiedades es su buen funcionamiento como fuente de energía. Aunque su composición en hidratos de carbono no es la más elevada que podemos encontrar dentro del campo de los frutos secos, sí es lo suficientemente alta como para dar un pequeño chute energético a nuestro organismo en momentos de esfuerzo o de cara a largas jornadas.

Otro aspecto importante a tener en cuenta sobre este alimento es que está libre de cualquier clase de componente que sea incompatible con las personas intolerantes. No hay ni rastro de lactosa, ni tampoco de gluten en ellas, y eso hace que puedan utilizarse para hacer leches, quesos vegetales, aceites, harinas y hasta yogures compatibles con personas celíacas o intolerantes a la lactosa. Lo que se obtiene, además, son alimentos altamente nutritivos y sin peligro alguno.

Por otra parte, dado que las almendras también son muy bajas en sodio, algo que podrás comprobar por ti mismo en la tabla que dejamos más abajo, son altamente recomendables para los hipertensos. Es cierto que pueden encontrarse almendras saladas en supermercados y grandes superficies, pero se recomienda evitarlas en caso de tener problemas de tensión.

A pesar de todo esto, uno de los puntos que hace especialmente interesantes a las almendras es la gran cantidad de grasas que tienen. Aproximadamente el 50% del peso de estos frutos secos es de grasa y, lejos de ser algo negativo, es altamente positivo, puesto que la mayoría de estas son monoinsaturadas, dejando la menor cantidad a las más peligrosas, las saturadas.

¿Engordan las almendras?

Sí, ya lo hemos dicho antes, las almendras tienen una cantidad de nutrientes que es abrumadora. Hay que comerlas con cierta regularidad porque ayudan a llevar al organismo esa variedad nutritiva tan necesaria para funcionar a la perfección; pero, ¿son un alimento que engorde?

Para que te hagas una buena idea de si tienen o no muchas calorías, vamos a tomar como referencia 100 gramos de almendras. En esta cantidad hay un total de 575 calorías, una de las cantidades más bajas que podemos ver si hacemos una comparativa con el resto de frutos secos que existen.

Buenas cifras, ¿verdad? Pues ahora vamos a echar un vistazo a su tabla nutricional para que puedas comprobar todos los nutrientes que hay en estos 100 g, junto con las cantidades en las que se encuentran:

  • Vitamina E – 0,02 g.
  • Hidratos de carbono – 3,3 g.
  • Fibra – 14 g.
  • Proteínas – 20 g.
  • Grasas – 50 g (4 g saturadas, 35 g monoinsaturadas y 11 g poliinsaturadas).
  • Calcio – 0,25 g.
  • Hierro – 0,004 g.
  • Potasio – 0,86 g.
  • Fósforo – 0,51 g.
  • Sodio – 0,006 g.
  • Cinc – 0,003 g.

Todo esto es lo que encuentras en un total de 100 gramos de almendras, o lo que es lo mismo, unas 50 – 30 almendras sin cáscara. Cabe destacar que una sola, sin contar con la cáscara que la protege, suele tener una masa de entre 2 y 3 gramos.

Por esta composición que acabas de ver es por lo que se recomienda tanto comer almendras con cierta frecuencia. Una pequeña porción de estas asegura un buen complemento nutritivo para el organismo y, al mismo tiempo, facilita la realización de diferentes tareas de nuestro cuerpo, como también augura una buena salud en el futuro.

Beneficios de las almendras

Ahora que hemos visto su composición nutricional y todas las propiedades más importantes que tienen, es buen momento para ver otra de las grandes razones por las que deben comerse, es el momento de ver cuáles son los beneficios que se obtienen al comer almendras.

Y el primero por el que vamos a empezar es uno de los más importantes de todo: ayudan a reducir el colesterol. No es una afirmación aleatoria, sino el fruto de varios estudios que han demostrado y corroborado que tomar un puñado diario de almendras hace que aumenten los índices de HDL, el colesterol bueno, lo que provoca que disminuyan los de LDL, el colesterol malo. Algo que sucede debido a su alto nivel en grasas saludables.

Además de esto, su alto contenido en fibra tanto soluble como insoluble (son uno de los frutos secos con más porcentaje de fibra) hace que se alivien los síntomas del estreñimiento y aumenten las visitas al baño. ¿Cómo? Por una parte, la fibra soluble provoca que haya más cantidad de agua en las heces, mientras que la insoluble se encarga de que el peristaltismo intestinal (las contracciones de los músculos de esta zona) aumente.

Hablábamos antes también de que comer almendras es bueno para personas hipertensas por su bajo contenido en sodio, pero lo cierto es que su poder se extiende más allá de todo eso. Son ideales para proteger la salud de nuestra corazón y de todo nuestro aparato circulatorio, dado que reducen el riesgo de sufrir trombos, impiden que se generen placas que dificulten la circulación, atacan al colesterol malo y, además, reducen las inflamaciones.

Con todo esto, también son bastante recomendables si se quiere perder peso, siempre y cuando se consuman con moderación. Su alto valor calórico fomenta la sensación de saciedad, algo que también consiguen gracias a la fibra que contienen, sus grasas y sus proteínas. De este modo, la tentación por comer algo se reduce y conseguimos que el cuerpo queme más para disminuir el peso.

Como antioxidantes también ejercen una labor de lo más interesante. En este caso, los nutrientes que entran en juego son, como habrás podido deducir al ver la tabla, la vitamina E y el cinc. Ambos se encargan de atacar los radicales libres para que no hagan daño a las células y, así, todos nuestros órganos y tejidos se mantengan sanos durante mucho más tiempo. En consecuencia, también se retrasan los signos del envejecimiento.

El último punto a tratar, aunque no por ello el menos importante, tiene que ver con las embarazadas. El calcio y el magnesio de las almendras, junto con sus proteínas, consiguen que la mujer tenga más nutrientes durante el periodo de gestación, cuidando así tanto su salud como la del feto; pero, además de eso, se ha comprobado que las almendras fomentan la generación de la leche materna, algo crucial para los primeros meses del bebé.

¿A que ahora ves a las almendras con otros ojos? Las recomiendan médicos, las recomiendan nutricionistas y las recomiendan hasta las abuelas, y ellas sí que saben. Asegúrate de comprar bolsitas para tener siempre en tu casa y, si te entra el gusanillo del hambre entre horas, no dudes en coger un pequeño puñado para comértelo.

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